Sendero Haza Larguilla (P. N. Sierra Nevada)

En esta ocasión, nos vamos “De rutas por”  el Parque natural de Sierra Nevada. Entre la vega granadina y las altas cumbres de Sierra Nevada, existe un paraje de gran tradición montañera del que parten diversos recorridos de media y baja montaña. Dicho lugar se encuentra a los pies del Cerro Sevilla, en las inmediaciones de Cumbres Verdes, y más allá de un punto de partida para otros senderos, constituye un extraordinario balcón natural sobre el valle del río Dílar y la media montaña del poniente nevadense. El sendero Haza Larguilla, especialmente acondicionado para personas con movilidad reducida (SAU), aprovecha esta balconada sobre la grandeza del paisaje para acercarnos, paralelos al canal de la Espartera y a los escarpados Alayos de Dílar, al mirador del río Dílar.

Datos técnicos

  • Trayecto: Lineal
  • Longitud: 1 km aprox (ida)
  • Dificultad: Baja
  • Track: rutas@derutasporlanaturaleza.es
  • Punto de partida: Collado Sevilla
  • Tipo de camino: Pista
  • Recomendaciones: Llevar agua potable y vestimenta y calzado adecuados. No abandonar basura. Evitar encender fuego. Respetar el entorno natural del camino. No molestar a las gentes del lugar.

La señal de inicio se encuentra en el Collado Sevilla, a pocos metros del aparcamiento. Orientados hacia el oeste, junto al carril acondicionado para el tránsito de sillas de ruedas discurre un camino de tierra y grava. Desde el primer momento, impresionan la indómita inmensidad que abarca la mirada, la belleza salvaje de unas cimas que se alzan soberbias y majestuosas al otro lado del barranco, la limpidez de un aire ligero y cristalino y la paz de un silencio religioso, habitado tal vez por el viento y los trinos de la cogujada montesina (Galerida theklae), el verderón serrano (Carduelis citrinella) o la bisbita campestre (Anthus campestris).

La primera zona de descanso se encuentra a unos cien metros del inicio. Un hueco en la empalizada de cipreses que flanquean el camino nos lanza sobre las cumbres nevadenses, que dibujan el horizonte por encima de los tres mil metros de altitud. Con el Cerro del Caballo presidiendo la panorámica, la vista desciende por las suaves lomas de pizarra hacia las agrestes crestas de los Alayos, la cuerda arenosa del Trevenque, el barranco del río Dílar y, a la derecha, el doble pico pisciforme de la Boca de la Pescá.

En el sendero encontramos enebros (Juniperus sp.), pinos (Pinus sp.), cipreses (Cupressus), plantas aromáticas como el romero (Salvia rosmarinus) y el tomillo (Thymus) y otros matorrales mediterráneos, como la aulaga (Genista scorpius) y el esparto (Macrochloa tenacissima), que sujetan con sus raíces el talud de tierra que nos acompaña por la derecha y perfuman el ambiente con ese particular olor a monte.

En breve, tras pasar junto a una construcción de estilo alpino, llegamos a la segunda zona de descanso. Y en enseguida, en 80 metros, a la tercera. Alegrando el camino con sus melodías, se escuchan mosquiteros, pinzones y tarabillas. El perfil recortado de la media montaña se asoma a intermitente entre la vegetación. Arriba, en la alta montaña, los arroyos se deslizan entre pastizales y piornos y continuan pendiente abajo, dejando atrás las oscuras pizarras y penetrando, embravecidos, en el paisaje blanquecino de las calizas y dolomías de la media montaña. La transición fluvial de unos materiales geológicos a otros origina un paisaje agreste y tortuoso de crestas afiladas y barrancos encajonados, y luego también, por la disgregación de las rocas carbonatadas, genera los arenales dolomíticos. Así ocurre con el Dílar, que nace en la falda occidental del Veleta y, en su intrépido descenso, ha esculpido el profundo barranco que tenemos delante. Si estamos atentos, no será difícil sorprender sobrevolando el paisaje al halcón peregrino, al águila real o al águila calzada.

Desde la cuarta zona de descanso , que se abre hacia la vertiente oeste, se percibe el transcurso del río Dílar entre los cortados y barranqueras de la Sierra del Manar hacia la vega de Granada. Allí se unirá al río Genil, que a su vez es tributario del Guadalquivir. Resulta curioso que estando el mar tan cerca, las aguas del Dílar tengan que hacer un viaje tan extraordinariamente largo para acabar en el Atlántico. Y es que los Alayos de Dílar no solo marcan una divisoria de aguas, sino también una divisioria de mares. Al otro lado del cresterío dolomítico de los Alayos, el río Dúrcal desciende al Mediterráneo en pocas decenas de kilómetros.

El sendero finaliza en el mirador del Río Dílar, que nos brinda una panorámica integral de la media montaña nevadense. Aquí se distingue también el canal de la Espartera, que venía paralelo por debajo del sendero y continúa su trayecto franqueando las arenas dolomíticas de la Boca de la Pescá. Este canal se abastece, aguas arriba, del río Dílar. Ya aprovechando los desniveles labrados por la erosión, rodea el cerro de la Boca de la Pescá y se deja caer 400 metros sobre la central hidroeléctrica de Nuetra Señora de las Angustias. La energía producida por la central abastecía a una fábrica de papel en Benalúa de Guadix, que utilizaba como materia prima el esparto.

Fotografías y vídeo: Propios

Texto adaptado

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

De rutas por la naturaleza

Ahora puede recibir notificaciones por WhatsApp

Unirse al Canal
Cerrar