Subida al Cerro de San Cristóbal (P.N. Sierra de Aracena y Picos de Aroche)

En esta ocasión, nos vamos “De rutas por” la provincia de Huelva, por el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, para subir el pico Almonaster 913 m. El cerro de San Cristóbal, adonde nos conduce el sendero, es la tercera cumbre del parque natural y, por tanto, uno de sus principales miradores. Las vistas que se extienden a decenas de kilómetros recompensan sobradamente el moderado esfuerzo de la subida. Pero además el camino ofrece otras muchas gratificaciones, como el encanto del sabor tradicional de su trazado, los vestigios de ingenios industriales que encontraremos, o la frondosa vegetación que nos cobijará, junto a una comunidad animal cuantiosa y variada.

Datos Técnicos:

  • Trayecto: Circular
  • Longitud: 6 km
  • Dificultad: Baja – Media
  • Track: rutas@derutasporlanaturaleza.es
  • Punto de partida: Almonaster la Real
  • Tipo de camino: Carril y Senda  con superficie pedregosa
  • Recomendaciones: Llevar agua potable y vestimenta y calzado adecuados. No abandonar basura. Evitar encender fuego. Respetar el entorno natural del camino. No molestar a las gentes del lugar.

Se inicia el sendero en la carretera entre Alájar y Cortegana (HU-8105), en el borde nororiental de Almonaster la Real al final de la calle Aparicio. El camino, que toma dirección noreste, está empedrado y flanqueado por muretes de piedra densamente poblados de hiedras, musgos y helechos, ¡todo un ecosistema!. A poco más de cien metros pasaremos junto a unas ruinas de lo que fuera un molino hidráulico.

Avanzamos junto a una acequia relacionada con dos molinos hidráulicos, cuyos restos veremos cerca. Pronto el camino aumenta de pendiente y zigzaguea: es la Cuesta de la Aceña. Llega a otro camino a cota, que tomamos a la derecha para encontrarnos en unos doscientos metros una bifurcación, en el punto en el que se inicia el circuito cerrado que haremos, donde giraremos a la izquierda.

Los muros de piedra van siendo sustituidos por setos de sanguinos (Frangula alnus), madreselvas (Lonicera), durillos (Viburnum tinus), quejigos (Quercus faginea) o zarzaparrillas (Smilax aspera); y el propio camino se estrecha hasta convertirse en senda. A nuestra derecha, al fondo, discurre el arroyo del Barranco de la Caña, y al otro lado del valle podremos ver prados aterrazados y huertos entre los olivos. A nuestro alrededor pinos, quejigos y algún que otro castaño, y también alcornoques, alguno de ellos de porte grandioso. Nos acercaremos al arroyo y podremos recrearnos entre la vegetación de ribera del sosiego que siempre inspira el agua que fluye, y si estuviera seco, de su inconfundible rastro. Entre los árboles podremos escuchar multitud de pajarillos y, con suerte, lograremos ver currucas (Sylvia sp), Carbonero común (Parus major), pinzones (Fringilla sp), Serín verdecillo (Serinus serinus), Trepador azul (Sitta europaea) y otras pequeñas aves.

Tras cruzar una cancela, el monte se va aclarando y pronto entramos en el castañar. Viejísimos árboles de troncos retorcidos escoltan ceñudos e imponentes nuestro paso. Durante el día, en los viejos troncos, es posible escuchar el tableteo del Pico picapinos (Dendrocopos major), o del Pico menor (Dendrocopos minor). Entramos también en el territorio de los arrendajos (Garrulus glandarius), que con sus graznidos alertarán de nuestra presencia al resto de los habitantes del castañar. Si nos fijamos, será fácil ver también las hozaduras de los Jabalí (Sus scrofa Linnaeus) entre la vegetación.

Otra cancela nos abrirá paso al puerto de Las Encrucijadas, donde hay una encrucijada de caminos que resolvemos tomando la estrecha carretera a la derecha. Enfilamos en dirección este para remontar la ladera de la sierra que tenemos en frente. Al llegar al alto encontramos un nuevo cruce de caminos, tomando otra vez a la derecha para culminar el ascenso al pico en un último esfuerzo de quinientos metros. La recompensa de hallarse sobre la tercera cumbre del parque natural (913 m) se siente al instante. Las impresionantes vistas desde los miradores se extienden sobre poblaciones y sierras cercanas, pero también sobre el Andévalo e, incluso, hasta la ría de Huelva.

La bajada es muy abrupta, por una estrecha vereda. Con cuidado, saldremos de nuevo a la carretera, sobre la que caminaremos unos ochocientos metros. La abandonamos justo antes de un curva que ésta
hace a la izquierda, tomando nosotros por una vereda en sentido contrario. En algo más de seiscientos metros llegamos al punto en el que se cierra el circuito, a partir del cual desandaremos el primer tramo del sendero.

📸 FOTOS

Fotografías y vídeo: Propios

Texto adaptado

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