CASCADA DEL ARROYO DE HOYO RENDONDO (SIERRA DE LAS VILLAS)

  • Trayecto:
    Lineal
  • Longitud:
    5,45Km
  • Tiempo Estimado:
    3H 45 min.
  • Tipo de Camino:
    Sendero
  • Sombra:
    Abundante
  • Dificultad.
    Media
  • Recomendaciones:
    Llevar agua potable y vestimenta y calzado adecuados.

Esta ruta se desarrolla, en su mayor parte, en un ambiente humanizado de media-baja montaña. Sin embargo, el objetivo de la misma es alcanzar un lugar en donde un río, el arroyo de Hoyo Redondo, ha conformado un escenario de bravías bellezas. Se trata de otra de esas grandes cascadas que son bastantes frecuentes  en la superficie del Parque, pero particularmente en las sierra de las Villas, gracias a sus peculiares geológicas. Es necesario advertir que esta cascada presenta mayores caudales a finales de invierno o primera mitad de la primavera.

El comiendo de nuestra ruta se localiza en las proximidades del cortijo de la Tía Eufemia, punto donde arranca un carril en buen estado. En el inicio del mismo hay un cartel indicador colocado por el Parque en colaboración con el ayuntamiento de Villacarrillo. A unos 150 metros de comenzar a caminar por esta pista, descubriremos a nuestra derecha una rodada que asciende hacia un collado por un prado en pendiente, que seguiremos. Ya en el collado, enlazaremos con otro carril. Avanzaremos por el carril por la izquierda, subiendo ligeramente.  En poco tiempo, conseguimos acceder, a un nuevo collado  que se encuentra junto al cerro del Montón, en donde existe un cruces de carriles, desde que tendremos buenas vista de la localidad de Cazorla. En dicho cruce enfilaremos por la pista secundaria que parte hacia la derecha, en bajada. Rodeado de bosque mixtos de encinas  y pinos carrasco, el continuo descenso nos sitúa de pronto en la ruina del cortijo del Coto de Palomera. Desde la ruinas, se extiende un bancal por el que caminaremos en dirección sur hasta sur terminación. Giraremos a la izquierda por un caminos que desciende por un pinar con tupido sotobosque, en el que predomina las aulagas. Pasaremos por una zoma húmeda que abunda los juncos, al poco tiempo salimos del bosque.

   Estamos ahora en un prado en pendiente, A la izquierda de este prado descubriéremos una alambrada, perteneciente a la finca La Palomera, y tras ella un arroyo y una pista. Al fondo del  prado que hemos recorrido, el camino reaparece entre el bosque, que queda a nuestra derecha, y la alabarda, por nuestra izquierda. Superando este estrechamiento , volveremos al campo abierto desde donde tendremos la oportunidad de ver, siempre tras la alambrada, un cortijo. De nuevo, nos introducimos en el bosque, esta vez un bonito y espeso encinar, acompañado por el sonido del arroyo que llevamos a nuestra izquierda. Cuando salimos del mismo, volvemos ha estar junto a la  alambrada de la finca, que durante la travesía es una eficaz referencia.

Finalmente a llegamos a una portilla caída que nos permite acceder a un olivar, en donde caminaremos por su borde izquierdo, es decir, junto a la alambrada de la finca de la Palomera.

Finalmente, llegaremos a otra portilla que deberemos abrir y cerrar, da  acceso a un carril, por el que en poco tiempo nos topamos con una nueva cancela y, mas abajo, la casa del cortijo Oliver, situado en un cruce.

 En el cruce avanzaremos por la pista de la izquierda. Ahora tendemos las ocasiones, tras las complicaciones anteriores, de caminar cómodamente contemplando el amplio y humanizado valle del arroyo de Hoyo Redondo, un paisaje que muestra sus mejores galas en otoño y primavera. Pero la joya de este valle, y nuestro objetivo en definitiva, no es sino su cabecera, que ha observamos hacia el este: un anfiteatro rocoso que acoge en su seno una fantástica cascada, cuyo estruendo ya percibimos, a pesar de la distancia. Cruzamos el arroyo que durante tanto tiempo hemos llevado a la izquierda, asimismo ignoraremos el carril que penetra en  la finca La Palomera, que dejamos a la izquierda. Casi inmediatamente, avistaremos nuestra derecha la primera cascadas del arroyo Hoyo Redondo.  Solo tendrá unos 8 o 10 metros de caída pero constituye el inicio de una larga sucesión de bellos salto de agua y rápidos que el citado arroyo posee hasta llegar a la gran cascada hacia que nos encaminaremos.

 El carril acentúa, antes de la cancela de la casa rural de molino viejo, deberemos abandonar para vadear el arroyo de Hoyo Redondo, que discurre justo por debajo de nosotros y a la derecha.

Comienza ahora la parte mas atractiva de nuestro recorrido.  Tras el vadeo del río, una alambrada caída, sobre la que unos maderos facilitan el paso, es la señal para tomar un senderillo de cabras entre zarzal, que subiendo hacia la izquierda y alguna higueras a nuestra derechas. Finalmente, una alambrada se nos interpone pero una portilla junto al río y a la izquierda de un árbol que nos permite pasar y avanzar por  un senderillo sobre el que existe una tubería de goma. Con el río a la izquierda, una alambrada ala derecha y la mencionada tubería por referencia n tendremos  ningún tipo de Confusión.

En algunos puntos, el río empieza  mostrarnos bellas pozas sobre las que caen pequeñas cascadas, todo ello rodeado de exuberante vegetación. Además de las sempiternas zarzas,  resultan por aquí muy abundantes el agracejo (Phillrea sp.) y el aladierno (Rhannus alatemus). Cruzamos una nueva portilla, esta vez justo al lado de un puentecillo derruido que comunicaba las dos orillas a la altura del final de la propiedad del Molino Viejo, antes citada. No obstante, avanzamos por nuestra senda que, sin pérdida alguna, continúa junto a la alambrada de nuestra derecha y lleva como guía la referida conducción de agua. El rio cada vez se torna mas bravo y sus saltos se multiplican. En un momento dado, este se encaja algo más arriba de nuestra posición y la vegetación se hace excesiva para permanecer en esta margen, la izquierda.  Por lo tanto, es más práctico cruzarlo aprovechando que en la otra orilla se dibuja una senda más despejada de maleza. La mala noticia es que el caudal del río nos obligará, normalmente, a descalzarnos para atravesar la corriente con seguridad.

Después del remojón de pies, la senda trepa decididamente pero de forma paralela al río y a poca distancia del mismo. Nos montamos encima de una terraza de tobas en donde la continuidad en donde la continuidad de la senda hemos de encontrarla al fondo de aquella, entre la vegetación. Finalmente, las veredillas ganaderas por las que transitamos se van separando de la corriente para comenzar a superar una fuerte pendiente., con orientación de solana, sobre la que se halla un encinar-pinar poco denso. La cascada cada vez está más próxima, lo que nos hace olvidar lo penoso del ascenso. Finalmente, con el camino más claro y con una menor pendiente, alcanzamos un prominente espolón rocoso, con un espectacular tajo volado sobre el río, punto final de nuestra ruta.

Parece como si la naturaleza hubiese pensado en colocar esta roca para que dispusiéramos del mejor de los miradores desde donde contemplar a placer el siempre hipnótico movimiento del agua: la cascada se alza  muchos metros sobre nuestras cabezas, pero también continúa cayendo bastante por debajo de nuestra privilegiada posición. La más mínima brisa le hará desprenderse de volutas de vapor que inundarán el aire de este salvaje rincón. Como la roca presenta una cresta un poco estrecha y podemos imaginar que la humedad es elevada, será imprescindible afirmar nuestra posición sobre este atrevido espolón y extremar las precauciones para no resbalar y caer muchos metros. Satisfechos tras este inolvidable espectáculo, volveremos por el mismo itinerario.

Fotografías: Propias
Más Info: rutas@derutasporlanaturaleza.es

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